Reflexiones, ensayos sobre escritoras hispanoamericanas contemporáneas
 
editora: Dra. Priscilla Gac-Artigas
 
 
 
El deseo obsesivo

Clima de complejidad psicológica en esta novela que relata un amor romántico entre dos seres muy controvertidos

JUANA VAZQUEZ
El Mundo, España, 25 de septiembre de 1999
 
 
La nueva novela de Cristina Peri Rossi, El amor es una droga dura, es la historia de la pasión desmesurada, obsesiva y desequilibrada de un hombre —uno de los más prestigiosos fotógrafos publicitarios del momento—, de tal forma que se convierte en su principio vital.

La novela tiene como soporte central, sin duda, el amor incontrolado e imposible de los románticos, todo lo demás nos habla rabiosamente del aquí y ahora de la gran ciudad y de todo aquello que mueve a muchos de sus habitantes: anfetas, éxtasis, cocaína, alcohol en grandes cantidades, fármacos reparadores, psicoterapeutas, medicina naturista, etc.

Este clima urbano finisecular rodea a unos personajes, Nora y Javier, complejos y controvertidos, y perfila unas relaciones confusas donde las pasiones borran las distancias entre la más infantil ternura y la más oscura pasión, entre el sufrimiento y el placer, la vida y la muerte.

Intimamente unido al amor está el tema de la tortura que produce la contemplación de la belleza. El deseo de adueñarse de ella lleva a Javier a la fotografía, quiere aprehenderla en lo que tiene de fugaz. Desde pequeño ha sufrido —lo que después una psicóloga ha definido como el síndrome de Sthendal—, conmociones físicas y psíquicas ante la contemplación de algo que le perturba profundamente por ser bello, y no puede llegar a tocarlo, mirarlo o poseerlo, y así fue con Nora, «el rostro y el cuerpo de la mujer, habían quedado fijados en su retina como un trozo de celuloide... Comenzó a transpirar y contuvo un arrebato de ansiedad que podía convertirse en pánico».

Todo el propósito de cambiar que se había hecho después de haber estado al borde de la muerte (era adicto a la intensidad, llevaba una existencia competitiva a tope, llena de viajes, dominada por el estrés, el tabaco, la droga, el sexo...) se le viene abajo. Abandona su retiro bucólico, la vida en pareja con una compañera de trabajo y se queda, sin voluntad alguna, a merced de los caprichos de esta bellísima, desconcertante y sexualmente ambigua Nora. Ella marca todo su ciclo vital.

No falta en este cóctel de deseo obsesivo, desequilibrio y alucinaciones, la destrucción del yo. Javier en sus fantasías ve a Nora vestida de negro con un estilete en la mano y le suplica que se lo clave para desangrarse lentamente a su lado, y es que nunca sabrá de verdad quién es ella, qué desea, qué pretende y si de verdad le ama.

La implicación del arte, las obsesiones o manías sexuales, los fetiches, la inestabilidad psíquica de ambos personajes y sus alucinaciones, dan una dimensión diferente a un amor romántico, que no hace ascos a frases tópicas como «te quiero», «te amo», «te adoro»...

El final no es hijo de la tensión narrativa anterior, sin embargo está dentro de ese clima de complejidad psicológica predominante en la novela. En ocasiones, Peri Rossi descompone las palabras en sus diferentes elementos morfológicos o juega con los mismos como con los distintos yoes de Nora (com-placido, pene-trante, ad-mirar, en-ajeno...). Añadir que El amor es una droga dura es una novela que acaba enganchando al lector.
 

 
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