Reflexiones: ensayos sobre escritoras hispanoamericanas
 
editora: Dra. Priscilla Gac-Artigas
 
 
Rosa Beltrán entrevista
Con Luisa Valenzuela
 
La Jornada, México, 31 de enero de 1999
 
Aunque su madre no la dejaba ir más allá de su cuadra, Luisa Valenzuela (que nació en Buenos Aires y ha vivido en Francia, Estados Unidos y México) siempre fue trashumante. Su literatura rompe con el estilo acotado y medido de la generación anterior, y se extiende como un organismo vivo y mutante sobre la página. De ella, Fuentes dijo que ``usa una corona opulenta y barroca, pero tiene los pies descalzos''; esta conversación es una muestra poco usual de esa desnudez.
 

 Luisa Valenzuela siempre ha ido a contracorriente. Tal vez por eso, aún ahora, cuando el tema de la mujer en la literatura ocupa un espacio cada vez más amplio en los medios, en la academia y en las librerías, tu literatura sigue siendo conocida -publicada, difundida- por muy pocos. Los críticos encuentran que tu estilo es ``oscuro'', difícil de leer. ¿Crees que el estilo es algo que se elige, que es una decisión voluntaria?

 -Yo creo que es mucho más que una decisión, es... el estilo hace al hombre, es decir, eso hace al escritor o a la escritora. Es algo tan crucial que no se puede separar a la escritura del estilo y cuando no lo hay entonces tampoco hay literatura. No creo que mi prosa sea oscura, yo la veo muy clara en el sentido de que está diciendo compactamente, pero a través de la ironía, del doble mensaje, del trabajo muy a fondo con el lenguaje lo que tiene que decir. Me irrita cuando en Estados Unidos dicen que este tipo de escritura es surrealista porque no la leen a fondo. Mi literatura es totalmente realista y apasionada. Y sí, el estilo es una elección, para contestar a tu pregunta. En cierta medida. Pero también refleja lo que uno es, su manera de pensar. Yo lo que trato es de escarbar a fondo en mi propio pensamiento, de ver más allá de lo que yo misma creo estar viendo porque si no, sería una simple narradora de anécdotas, una narradora de historias, y creo que la literatura tiene que ir mucho más allá de eso. Tiene que develar secretos, siempre tratar de decir lo inefable, porque hablar de lo que se puede hablar... ¿qué sentido tiene eso?

 -¿Y cómo buscas decir lo inefable? ¿Hay un procedimiento que no sea la intuición?

 -Mirá, cuando algo me está molestando mucho o no lo entiendo, yo parto en mi escritura de una pregunta y trato a través de ese lenguaje y de esa historia que se va a ir estructurando a medida que la voy escribiendo de, no sé si contestar a la pregunta, nunca hay una respuesta definitiva a nada, pero sí de ver la situación desde diversos ángulos, y tratar de entender. La escritura es un acceso al conocimiento, es una intención de acceder al conocimiento.

 -Además del tema de la herejía, de la negación, ¿qué otra línea conductora has buscado, o encontrado, qué temas que no buscabas te han sorprendido en esa lectura imposible para un autor o autora que es la lectura del conjunto de su obra?

 -Bueno, una cosa que a mí me interesa mucho es todo aquello que nos ha marcado sin que nos demos cuenta. Por ejemplo, lo que no se dijo durante la represión en la guerra sucia en Argentina. Todo aquello que uno no puede expresar y que después va a aflorar de una manera totalmente nociva para aquél que trató de ignorar una verdad. Eso puede ser, eso es casi una posición ética. Lo que también me descubro haciendo, y eso no es un efecto, es buscar el elemento lúdico, lo lúdico abre muchas posibilidades de percepción. Me descubro tomando las palabras por la cola, por el rabo, con todas las connotaciones, pero eso lo hago más allá de mi voluntad. Empiezo a escribir una frase pensando que voy a decir tal cosa y de golpe y porra hay una palabra que funciona como ``shifter'' y digo otra completamente opuesta, no porque esté mintiendo, sino porque estoy tomando otra connotación de esa palabra que era, digamos, central; que era el pivote de la frase. Y eso me pone muy contenta. A pesar de que a veces digo cosas de un crudeza feroz y contra mí misma. Pero creo que eso es mi principal aportación, para bien o para mal, muchas veces para mal.

 -¿Por qué para mal?

 -Borges decía que yo era capaz de matar a mi madre por un juego de palabras. Y bueno, mi madre era muy fuerte, no se moría por cualquier cosa. Pero es cierto que un juego de palabras para mí era tan importante como el amor de madre o un amor; yo puedo perder el amor por hacer eso, mi amor por el lenguaje es aún mayor que mi necesidad de afecto humano. Después me muero de arrepentimiento.

 -Pero el amor por el lenguaje ¿tú crees que puede desprenderse de la experiencia vivida? Borges lo creía; creía que podía ser superior, incluso ajeno. Lo importante para él era la experiencia leída.

 -No, yo creo que la experiencia de vida es crucial, pero ambas cosas están imbricadas, son inseparables.

 -¿Por qué dices que no hay que aprender sólo con las palabras, que hay que tener miedo de este aprendizaje?

 -Porque quienes nos enseñan tratan de hacernos captar un mundo limitado. Eso nos pasa más a las mujeres que a los hombres, aprendemos a expresarnos desde el lenguaje del opresor, y ese mismo lenguaje, exactamente esas mismas palabras también están diciendo ``no puedo''. Y es ahí donde se arma el juego literario, donde empezás a ver esa verdad que surge a través de la mentira que te tratan de imponer, o viceversa, eso que te están vendiendo como una gran verdad y vos estás viendo el sustrato de mentira que está dentro de esas palabras. Por eso yo digo que escribimos con el cuerpo. En esa relación con los demás está tu cuerpo, lo que está en juego, digamos, es tu cuerpo.
 Tu experiencia con el mundo está limitada por tu piel, digamos por todo tu cuerpo, y por tu deseo. A mí me interesa mucho ver cuál es mi deseo, y a través de mí el deseo de la mujer, porque es un deseo que no ha sido explicitado. Me identifico con mujeres que están en alguna búsqueda y que están viendo que el lenguaje es otro. Grosso modo me identifico con Cristina Peri Rossi, con Margo Glantz, con Nélida Piñón, con Antonieta Madrid aunque hace mucho que no leo nada de ella, con Teresa Porzecanski la uruguaya, con Carmen Naranjo la costarricense, con Elsa Osorio y Liliana Heer que es una escritora argentina muy original y que también es poco conocida simplemente porque la gente no quiere romper esa barrera de comprender lo que no es el camino trillado. Se habla de las mujeres que escriben como si fueran un bloque, entonces se inicia la cita siempre con todas aquellas que triunfan. Yo creo que las que triunfan (sin desmerecer su capacidad) lo hacen porque están respondiendo al esquema antiguo, mi sensación es que nosotras (es también una pretensión, ¿eh?) estamos rompiendo ese molde.

 -¿Puedes definir ese esquema antiguo, ese molde?

 -Ese esquema antiguo es el deseo patriarcal, lo que siempre hizo la mujer fue obedecerlo. Esto es una cosa que a mí me irrita: la mujer siempre hizo lo que quiso, engañando al hombre y haciéndole creer que respondía a su esquema, hacía lo que quería y hacía que respondía al mandato. Ahora se invirtió la situación, pero es la otra cara de la misma, exactamente de la misma, moneda. La mujer aparentemente rompiendo esos esquemas. Esos son los temas de las escritoras que a mí no me interesan, sin juicio de valores literarios, aunque, no, sí hay juicio de valor: la mayoría de ellas no son buenas escritoras.

 -¿Qué otras características tiene ese que tú llamas ``esquema antiguo'' o camino trillado?

-Mirá, yo creo que como libro es maravilloso Cien años de soledad, pero como herencia es un libro que nos hizo un daño infinito.

 -¿En qué consiste ese daño?

 -El daño es que creímos que en el realismo mágico vale todo; en el realismo mágico no vale todo, es una cosa muy acotada y muy racionada. Y luego, de golpe, también las mujeres empezaron a hacer este realismo mágico típico de sí mismas, y eso se volvió a la novela rosa de hoy, que no me interesa tampoco.

 Como escritora, como persona pensante de la literatura, lo que me interesa es otra cosa.

 -¿Qué cosa?

 -Piensa que mi madre era una escritora famosa en Buenos Aires que se llamaba Luisa Mercedes Levis, era una gran escritora, quedó ignorada después, también por ser mujer, pero tenía un fondo de literatura muy serio. Y esto hizo que yo me criara en un ambiente sumamente literario, con Borges y Sábato, y Mallea y Bioy, aunque éste menos. Y toda esta gente y la del exilio español, metidos en casa constantemente. Entonces tengo algo que corre ya por mi sangre de la gran literatura argentina y rioplatense y de la rebeldía de los exiliados españoles y a eso respondo desde la iconoclasia. Así que yo espero eso de la gente que yo aprecio. No espero eso del mundo, el mundo es libre de hacer lo que quiera.

 -¿Y por eso crees que el escritor siempre debe ser un iconoclasta?

 -Yo creo, pero no se lo recomiendo a nadie. Mirá: Borges, de su primer libro, vendió 17 ejemplares. El decía que le interesaba eso porque le podía dar la mano a cada uno de sus lectores. Y me acuerdo que entonces la discusión era: ``Qué se prefiere: cien lectores hoy, o mil o un millón, o un lector dentro de mil años. Entonces todo mundo decía ``yo prefiero tener un lector dentro de mil años o dentro de cien años a un millón de lectores hoy''.

 -¿Por qué?

 -Por la trascendencia.

 -Qué implica la trascendencia. ¿La inmortalidad?

 -La inmortalidad a mí me importa un reverendo cacahuate, para decirlo en mexicano. Pero la transcendencia implica que estás tocando una esencia, una cuerda del ser humano infinitamente más vibrante que todo aquello que pueda tener una moda. No hay nada más antiguo que el diario de ayer.

 -Y el lector que el escritor tiene en vida, ése que le da la mano, para seguir con la historia de Borges, ¿qué papel juega?

 -Hay escritores que dicen: ``yo escribo para que me quieran''. Bueno, yo escribo para que no me quieran, desgraciadamente. Porque yo sé quién no me va a querer cuando estoy diciendo esto y quién no me va a querer cuando estoy diciendo lo otro. Me hicieron un chiste argentino que tengo que ponerme a reflexionar ahora porque me pareció buenísimo como chiste y vos lo escuchaste y creo que tiene que ver con esto de la literatura y la trascendencia y vamos a pensarlo entre las dos. El chiste es para los mexicanos, sobre los argentinos. Si algo hemos aportado a México es la posibilidad de hacer chistes geniales sobre los argentinos. El último que escuché dice: ¿por qué los argentinos no se bañan con agua caliente? Porque no quieren que se les empañe el espejo. Bueno, el espejo está empañado, el espejo de la historia argentina está empañado. Pero el espejo empañado dice muchas cosas, acuérdate del espejo ahumado mexicano, el espejo empañado habla.

 -El espejo de Tezcatlipoca muestra sólo el lado terrible de la vida. Ese que está en Aquí pasan cosas raras y en Cola de lagartija que pueden ser leídas como una réplica al acto de desmemoria generalizado, o casi, en Argentina.

 -Bueno yo no te diría que fui la primera ni la única escritora que habló sobre eso, pero no estoy lejos. Yo en plena dictadura militar saco un libro que era un poco anterior a la violencia que decía que pasaban cosas raras y de ahí me seguí hablando de eso, y ya no paré, no hubo un instante en que yo claudicara pero nadie lo reconoce.

 -¿Por qué crees que nadie lo reconoce?

 -Porque nadie habla de eso. No; no es cierto. Porque la miopía es necesaria para algunos.

 
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