La escritora mexicana publica los cuentos Íntimas suculencias
La consigna de la escritora mexicana, que a primera hora de la mañana luce perfectamente maquillada y un traje de chaqueta de ante negro con tachuelas plateadas en las solapas, es que desde la cocina se puede transformar el mundo. La pérdida de valores nos lleva, según esta autora, a potenciar cada vez más la producción exterior en detrimento de los espacios domésticos.
Cuando Esquivel era una niña el lugar de reunión en la
casa era la cocina; al calor de los fogones "la familia hablaba y se transmitían
todos los ritos de la tribu". Ese espacio del hogar ha ido perdiendo importancia
en favor del cuarto donde se ubica la televisión, "un lugar donde
todo está preparado para que no se hable".
Sólo las mujeres somos capaces todavía de utilizar ese espacio para sincerarnos sin que nadie se entere". Su filosofía es que la fraternidad de los fogones es una de las más fuertes porque en el reconocimiento de un olor o de un sabor se recuperan muchas emociones.
La escritora mexicana sugiere que en la cocina y el amor no hay fronteras. "En las reuniones cada vez se habla menos de los sentimientos. Parecemos muy preocupados por las cuestiones económicas, la bajada del yen o las corrupciones políticas, cuando habría que tender a potenciar el sentimiento amoroso, el único capaz de derrumbar fronteras y salvar al ser humano".
La idea de esta escritora es que mientras removemos un caldo para que
no se formen grumos no sólo recuperamos ritos que se están
perdiendo, sino que "celebramos una ceremonia de unión con el universo
y nos comportamos como auténticas alquimistas o sacerdotisas".
La autora de Como agua para chocolate deplora esa costumbre, cada vez más habitual, de sacar un envase precocinado y congelado y ponerlo en el microondas para ingerirlo a los pocos minutos. "Eso no puede reportar nada bueno. De hecho, nos unimos a algo que no somos. No es lo mismo comerse ese producto industrial que algo que tú has manipulado en la cocina y donde has puesto toda tu energía".
Esquivel aprovechó su estancia en Madrid para rebuscar, ayudada
por su editor español, por las librerías de viejo documentación
sobre afrodisiacos para su próximo trabajo literario. Está
a punto de ponerle el punto final a una novela sobre los sentimientos y
confía en sacar adelante un proyecto cinematográfico, basado
en una ciudad donde sus habitantes sobreviven a base de pequeñas
industrias hogareñas como la fabricación de mermeladas o
de vinagres.