Reflexiones, ensayos sobre escritoras hispanoamericanas contemporáneas
 
 
editora: Dra. Priscilla Gac-Artigas
 
 
        LOS ENIGMAS DE LA SED EN LA POESÍA DE ODETTE ALONSO
 
Carlos Olivares Baró
Universidad Nuevo Mundo, México
 

    La poesía de Odette Alonso oscila entre el enamoramiento de los detalles de la memoria y esa ensimismada ciudad que fabrica la soledad. Desde una versificación que se regodea en la búsqueda de imágenes ancestrales y vivencias, los poemas de Odette Alonso destilan una llama de amor en las penumbras y desandan como niños callejeros en la desconcertante encrucijada de la vida. Enamorada de los destellos y empujada por los vientos y las sales de la isla que la vio nacer, Odette Alonso cabalga serena, inconforme y desgarrada, sobre el potro de una música terrenal que brota y toma aliento en el nido del silencio. 
    Hay una condena que persigue a los poetas cubanos. Quizá condena sea una palabra demasiado áspera para definir este apego de los poetas cubanos por el mar. El mar asedia. El mar, desde sus encrucijadas, desborda un halo que la poesía cubana en estos últimos veinte años ha tomado como punto de enlace generacional y como centro temático.

    La obra poética de Odette Alonso -Enigma de la sed (Santiago de Cuba, Ediciones Caserón, 1989), Historias para el desayuno (Holguín, Ediciones Holguín, 1989) y Palabra del que vuelve (La Habana, Editora Abril, 1996), entre otros libros- se debate en esas veredas sonde la neblina intenta ocultar los hechos y la palabra del poeta levanta el polvo y traza las consonancias de la verdad en las imágenes.

    Discurso de tonos y matices singulares, los náufragos que se sientan frente al mar, en los retratos de Odette, ven las horas regresar desde la línea y añoran las velas, pero desafían el espacio: alzar los brazos es delatarse; bailar, un alivio, y empujar las puertas, una pregunta que estalla en el vacío.

    Si en Enigma de la sed e Historias para el desayuno las configuraciones discursivas se dibujan desde la desesperanza y el delirio, y vemos una caravana de fantasmas encendiendo lámparas, lanzándose al vacío desde la carcajada, muriendo en el filo del relámpago y en la asfixia de las aguas, en Palabra del que vuelve, sin embargo, el amor se descubre en los laberintos de los presagios, en los oscuros mandamientos del destino y en los portazos del silencio presentido en la obligación de cada día.

    Estos poemarios descubren a una poeta dueña de su oficio, con un balance de signos entrecruzados por los pozos de la eternidad y los ojos que saben del miedo y retienen en los párpados los siempre ansiados cielos.

    En Linternas (La Candelaria, New York, 1998), Odette Alonso construye una galería de segmentos y frondas icónicas que transitan y duermen en el fuego coral, hasta desembocar, placenteros, en el olor de la sangre. Pocos textos de la poesía cubana actual recorren y retratan con tanto ardor el universo político y social de la isla como ese magistral canto que titula Candela como al macao: Candela como al macao peste del universo/ película vencida donde la patria es un escupitajo, para que los sueños sean simplemente sueños y el padre siempre nos señale y seamos esa "raza maldita" desandando por el mundo. Los espejos, los puentes, el agua, los azules, el columpio irónico de Dios, el túnel y el amor se convierten, gracias a ese poderío de la palabra poética de Alonso, en canciones antiguas: linternas frente a los espejos para que nos miremos todos desde la ebriedad y el desamparo, desde esa eterna conspiración del hombre en contra de los demonios del tiempo.

    La sed es un enigma, la palabra poética una caligrafía desafiante. Odette Alonso conoce los caminos y los sortea con elocuencia. El lenguaje estalla y, sediento, el lector se pierde en los laberintos de sus significados. Con Linternas, Alonso se consolida como una de las voces más maduras de la poesía cubana actual.
 
 
 

 
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