Reflexiones: cuentos, poemas y otras joyas
 
editora: Dra. Priscilla Gac-Artigas
 
 

Julia Alvarez

La única forma de no perder tu voz es escucharla cuidadosamente
 
 
CECILIA GOMEX HARO,
El Excélsior, martes 29 de Septiembre de 1998
 
 

 Tú hiciste de la lengua inglesa tu patria, conseguiste hablar inglés mejor que un norteamericano. Un logro de tal naturaleza, ¿necesariamente implica perder el dominio de la lengua materna?

 Es una pregunta difícil... No implica perder el dominio de la lengua materna pero te recuerdo que llegué a Estados Unidos en un tiempo en que el multiculturalismo, el bilingüismo, todavía no había sido inventado. En mi generación uno tenía que aprender inglés, ése era el precio que había que pagar para ser aceptado en la sociedad. Cuando entré a la escuela tuve que adaptarme a un modelo de inmigración muy antiguo, que obligaba a cortar los lazos para convertirte en estadunidense. No fui alentada a conservar mi idioma como ahora se alienta a muchos alumnos. De hecho, las monjas de la escuela donde estudiaba les dijeron a mis padres que no podíamos juntarnos en el patio y hablar español, que teníamos que hablar inglés en casa para aprenderlo y así evitar dificultades en el futuro. Aunque en mi caso no tuve el fomento ni el apoyo o la oportunidad de conservar el español, no debe necesariamente suceder así. Ahora, como escritora, creo que dominar una lengua es, en sí, muy difícil; Chaucer dijo: "¡La vida es tan corta y el oficio tan largo de aprender!" Yo no leo ruso pero sé, por la gente que ha leído a Nabokov en ambos idiomas, que en realidad él se encontró a sí mismo en inglés. Borges también escribió en inglés aunque sus cuentos en español son mucho mejores. Borges tenía elección. Yo no la tengo.

 Y la identidad, ¿no está íntimamente ligada a la lengua materna?

 Pierdes la identidad como interlocutor de almas hispanas pero ganas una identidad nueva que no es estadunidense, es una mezcla. La identidad no es una cosa fija que uno tenga que preservar. Es más complicado. El idioma en el que uno mismo se entiende está más bien ligado a las influencias, a la percepción, al sentido de quiénes somos. Soy una persona diferente en español de la que soy en inglés. En español tengo otra personalidad. Escucho a mi mami: "Cállate la boca", "Pórtate bien", "No digas algo así". Si yo hubiera crecido en español tal vez pelearía la batalla con mi mami en ese lenguaje, interior y exteriormente, pero eso no fue lo que pasó. Obtuve una especie de libertad y, como mujer, era muy importante para mí. De ahí que me sienta más libre escribiendo en inglés. Pensaba que nunca me iban a leer, ¡y resulta que me están traduciendo! Las tías que antes no me leían, ahora me dicen: "Ay, Julia, que simpática".

 ¿Cuándo supo Julia Alvarez que quería ser escritora?

 Bueno, eso vino con la inmigración, con la experiencia de perder todo, mi cultura, mi país, mi familia, la forma en que me entendía a mí misma. Provengo de una cultura que era muy sociable, muy ligada entre familia y, de pronto, me encontré aislada. Esto hizo que me creara una vida interior, como escritora uno la necesita. Aprender un idioma intencionalmente, a los diez años, también contribuyó. Cuando se es niño uno lo aprende de forma natural pero, en mi caso, tenía que prestar atención a la palabra que se estaba usando porque necesitaba aprender inglés. A mis alumnos siempre les digo que el escritor tiene que reaprender el idioma aun cuando escriba en su lengua materna.

 Hasta hace poco los editores norteamericanos no se interesaban en la obra de autores latinos. En la literatura, ¿existe la discriminación?

 El hecho de que nuestros libros se vendan le ha abierto la puerta a muchos escritores que antes quedaban fuera. Sin embargo, creo que todavía hay una especie de club de niños consentidos, los grandes premios. Todavía se escuchan juicios como: "Claro, es una escritora latina y en este momento es lo que está de moda..." Uno tiene que seguir escribiendo, ser fiel a su visión y no dejarse inflir por estas cosas. En cuanto a si hay discriminación...

 Por ser mujer. Recordemos que no fue sino hasta hace muy poco que la mujer comenzó a ocupar un lugar importante en la literatura contemporánea, un lugar que estaba reservado para los hombres.

 Y para los hombres de una clase, la literatura era como una oligarquía. Parte del fenómeno se debe a que cuando se consigue cierto dominio es difícil dejar que entre el grupo siguiente, se le cierran las puertas. Ahora el mercado está cambiando este concepto poco a poco. No siempre es por buenas razones; es por el dinero: la gente compra nuestros libros. El cambio se ve en las clases de literatura de las universidades donde comienzan a estudiar tu libro. Eso significa que ya forma parte de una tradición, que no es sólo el mercado sino que los jóvenes te están leyendo. No es una transformación completa, pero es importante aun cuando haya quien diga: "Sólo es una novela de mujer, eso no es literatura". Incluso en la pequeña universidad donde doy clases, al enseñar los grandes libros, los mejores libros que los jóvenes deben leer, se suscitan importantes discusiones: "Virginia Woolf no es tan buena como Faulkner" o "no se puede comparar a Toni Morrison con Chaucer". Yo creo que una buena novela, ya sea de hombre o de mujer, siempre va a serlo porque llega a lo más profundo, no en vano se aprende sobre las pasiones humanas.

 ¿Cómo una escritora latina, parte de una minoría, encuentra su voz literaria en la sociedad americana?

 Voy a Santo Domingo cerca de tres veces al año. Mi esposo y yo compramos unas tierras y vivimos en una pequeña comunidad en las montañas. También tengo una casa pequeña en Vermont. Si tu escribes: Julia Alvarez, Vermont, la carta me llega. Todo esto me mantiene conectada. Algunas veces la distancia me ayuda, uno se encuentra a sí mismo cuando está lejos de su cultura, pero la única forma de no perder tu voz es escucharla cuidadosamente. Henry James dijo: "El escritor es aquél en quien nada se ha perdido". Tienes que poner atención, no puedes perder el sentido de la historia sólo porque te encuentras lejos de tu cultura o porque escuchas demasiadas cosas a la vez y te distraes de tus personajes o de tus experiencias.

 Te iniciaste como poeta. Sin embargo el reconocimiento público se debe a tu obra de ficción. ¿Hasta qué punto el éxito del artista está determinado por el género que emplea?

 ¡Ah, mucho! Los norteamericanos no leen poesía. Las casas editoriales la publican para demostrar que tienen buen gusto, pero saben que van a perder mucho dinero. Es muy difícil vivir de la poesía, especialmente en Estados Unidos.

 ¿Significa esto que si el escritor quiere ver su obra publicada debe renunciar a la poesía?

 Cuando lo único que tienes dentro es poesía, debes mantenerte fiel porque quizá es ahí donde vas a desarrollar tu talento. Mi caso fue diferente. De hecho, fueron algunos de mis amigos quienes me dijeron: "Julia, tus poemas se vuelven cada vez más largos y cuentan historias, ¿por qué no tratas de escribir ficción?". Para mí fue una revelación y decidí hacer la prueba, pero mi primer amor es la poesía.

 ¿A qué atribuyes que ciertos libros se conviertan en best-seller mientras otros pasan inadvertidos?

 Tiene mucho que ver con el mercado y la casa editorial. Se pueden fabricar best-seller pero no se puede fabricar un buen libro. Un muy buen libro puede ser best-seller pero un best-seller no es necesariamente un buen libro. Yo creo que los libros que trascienden pertenecen a otra categoría aunque a veces coincide en que se convierten en best-seller. ¿Por qué sucede así? Creo que es porque la gente lo descubre. ¿Por qué? Tal vez porque la publicidad de la casa editorial es muy buena o quizá a Oprah le gusta mucho tu libro y lo escoge para leerlo en su club de lectura. Oprah tiene muy buen gusto. Escogió Beloved de Toni Morrison y Stones from the river de Ursula Hegi, una maravillosa novela acerca del holocausto. En ocasiones sucede que los libreros hablan de un libro que no ha tenido la publicidad que uno espera y lo convierten en best-seller. Creo que la publicidad de boca en boca es lo que hace un best-seller.

 Qué me dices del timing, ¿hasta qué punto es importante?

 Es muy importante. El éxito de un libro en gran medida depende de que aparezca en el momento preciso. Ahí tienes esta novela acerca del affair de un presidente: se vendió mucho porque surgió justo cuando la sociedad norteamericana deliberaba qué hacer con un presidente en la misma situación. Puede darse también que el tema de un libro coincida con lo que la gente busca en un preciso momento. En ese sentido, la razón por la cual las novelas multiculturales tienen tanto éxito es porque Estados Unidos está luchando por comprender lo que significa ser una nación de otros, una nación invadida por una gama extensa de culturas. Cuando el clima social coincide con el tema y el autor, la novela se vuelve importante porque el material o el asunto que trata es algo con lo que la sociedad está lidiando como un todo. Lo mismo sucede con los autores. Hay libros que no captan el sentir general del momento. Si uno se remonta y lee los primeros trabajos de John Irving, antes de publicar World according to Garp, se da cuenta de que son buenos pero que sólo World according to Garp capta lo que significa ser un hombre en los años setenta y contribuye a que la sociedad se entienda a sí misma.

 Tus novelas han sido traducidas a varios idiomas, ¿crees que el estilo es traducible?

 No lo sé. La traducción al español es un caso único. Al leer ¡Yo! sentí que en ella se reflejaba mi manera de pensar y el latinismo que hay en mí. No he leído mi obra en otros idiomas. Cuando En tiempo de las Mariposas fue traducida al noruego, pregunté a la traductora qué era lo que le dio más trabajo traducir; me respondió que lo más complicado fue transportar a un idioma tan diferente el ritmo de cada personaje a lo largo de toda la trama. Para la persona que lo tradujo al alemán, lo más difícil fue traducir lo exótico de tal forma que no pareciera extravagante puesto que para las personas de la historia ese mundo es natural. Los italianos dicen: traductor, traidor. No se puede ser totalmente fiel, mucho menos con la poesía, porque la poesía es lo esencial de una lengua, es el pulso. Podrás hacer nuevos poemas inspirados en los que traduces. Quizás algunos escritores se prestan más que otros para ser traducidos. Borges tradujo a Whitman y consiguió dar la impresión de que los poemas habían sido originalmente escritos en español, pero Whitman es un escritor tan florido, tan expansivo, que parece latino cuando escribe en inglés.

 "Tu historia siempre te rodea", confiesa Julia Alvarez, ¿escribirla sería un acto de purificación de ciertos estados emocionales, una suerte de reconciliación con los fantasmas del pasado?

 En parte sí, es una manera de comprender. Una escritora amiga mía me contó un sueño en el que veía un enorme gorila que la perseguía mientras ella corría y corría para escapar. De pronto, ella se volvió, le tocó la cara y el gorila se transformó en su ex marido. Yo creo que ésa es una imagen bellísima para un escritor. Las cosas pueden destruirte, escribir sobre ellas es como tocar la cara del gorila, dejan de ser peligrosas. No sé si lo recuerde correctamente pero uno de mis mandamientos como escritora —me lo enseñaron mis hermanas que son psicólogas— proviene de los evangelios y dice "Si sacas lo que está dentro de ti, lo que está dentro de ti te hará libre. Si no sacas lo que está dentro de ti, lo que está dentro de ti te destruirá". Escribir es una especie de exorcismo. Lo que te hace daño no desaparece pero llegas a comprenderlo. A veces no basta con una novela, tienes que escribir muchas para calmar la bestia salvaje que llevas dentro, para ver claramente y aceptar. En cierta ocasión una de mis profesoras me dijo: "Aun si escribes sobre gente que no te agrada, tienes que amar a tus personajes. No tienes por qué estar de acuerdo con ellos, pero si vas a crearlos, tienes que quererlos".

 "Un escritor no es responsable de sus temas en el sentido en que un hombre no es responsable de sus sueños y pesadillas, porque no los elige libre y racionalmente", señala Mario Vargas Llosa. ¿Significa que, más que producir racionalmente los temas de su obra, el artista tendrá que sufrirlos como algo ineludible y que con frecuencia no llega a explicarse?

 En una época de mi vida anhelaba escribir una novela muy política. Quería que mis personajes fueran a un país latinoamericano y se unieran a la revolución. ¡Era la cosa más aburrida que uno se pueda imaginar! Desde el punto de vista político, era lo que debía de hacer, pero no era mi historia. Un amigo maravilloso me dijo: "Julia, pareces aburrida con tus personajes, no tienen vida". Tenía razón. Uno debe escribir sobre sus demonios, sobre las cosas que hay en ti. No puedes forzarte. Cuando escribí Cómo las hermanas García perdieron su acento, mi primera novela, mi mami me dijo: "¿Qué no puedes escribir acerca de chicas decentes?" Yo no escojo los temas, hay cosas que salen de mí porque necesito entenderlas. Los temas te eligen pero tienes que estar ahí para entregarte, porque si eres un escritor asustado te censuras a ti mismo. Muchas de mis alumnas se enfrentan a una etapa de censura y se cierran la puerta, en parte porque les asusta librar una batalla contra sí mismas para admitir lo que necesitan decir.

 La autocensura, ¿llega a superarse con el tiempo?

 No es lo que hay allá fuera lo que te censura, el peligro está dentro de ti, en todas esas voces internas: "¿Qué van a pensar de mí?, "¿Qué van a decir?", "¿Creerá mi marido que estoy loca cuando lea mi libro?" La censura siempre, siempre, te acecha. Vas a pensar que soy una fanática religiosa —lo que no es cierto— pero la Biblia dice que la verdad te hará libre. Hay que admitirla aun si para lograrlo tienes que enfrentar tus temores. Cada quien lo hace de una forma distinta, algunos calman sus miedos con la ayuda de un terapeuta. Es sabido que hay artistas y escritores que se vuelcan en las drogas o el alcohol para reconciliarse con sus demonios, con la autocensura o el temor.

 ¿Con qué propósito desenterraste un asesinato político acaecido hace más de treinta años para convertirlo en el tema central de tu segunda novela, En tiempo de las Mariposas?

 Bueno, mi papá formó parte del mismo movimiento clandestino. Poco antes de que mataran a las hermanas Mirabal, huimos a Estados Unidos. Nosotros, al igual que Dedé, la única Mirabal que no fue asesinada, fuimos los que nos salvamos. ¿Entiendes lo que significa? Es una historia que no he podido apartar de mi pensamiento. Cuando en la universidad les contaba a mis amigas acerca de Trujillo y las Mirabal, siempre me decían que debía escribir la historia porque no se conocía, nadie la había escrito. En el museo del Holocausto en Washington, D. C., a la entrada te dan un pin negro con letras blancas en el que está escrito Recuerda. ¿Qué hacer cuando algo así ocurre? No puedes volver atrás y salvarlas, sólo puedes acordarte de contar la historia, de no dejarla morir, de evitar que sea transformada en otra cosa. Recordar. También fue una forma de comprender la generación de mis padres. Yo siempre le preguntaba a mi mami: ¿Cómo es posible que el país entero haya aceptado ser gobernado de esa manera durante tantos años? ¿Cómo permitieron que esto ocurriera? Ella me respondía: "Bueno, es que mira, la gente tenía que pensar en su familia, tarara..." Yo, como escritora, no entiendo las cosas mediante respuestas, las entiendo a través de una historia. Los escritores no escriben de lo que saben, escriben sobre lo que necesitan comprender.

 ¿Cuál sería la diferencia entre la República Dominicana actual y la de entonces?

 Es un país muy diferente del de aquella época, ahora tenemos un gobierno elegido democráticamente. El vicepresidente es el hijo de Dedé Mirabal y, en el segundo cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores, está Minu Mirabal, la hija de Minerva Mirabal. En cierto sentido, es como si el sueño de las Mariposas hubiera ido evolucionando poco a poco. Ha sido un proceso muy lento porque no teníamos una tradición democrática, durante treinta y un años sufrimos la dictadura del general Trujillo. Una vez que nos deshicimos de él, la República Dominicana no se convirtió de inmediato en un espacio totalmente libre que nos permitiera descubrir quiénes éramos. En el minuto en que se eligió un presidente que Estados Unidos consideró demasiado izquierdista, nos invadió. De ahí que hubiera una especie de guerra fría que gobernaba los países pequeños, eso provocaba que no se respirara una atmósfera de libertad favorable a la diversidad y al desarrollo. Lo peligroso para un escritor inmigrante es recordar su país con nostalgia porque el país de su infancia, el que se llevó en el recuerdo con la inmigración, ni siquiera es el mismo que dejó. Lo recuerdo con añoranza cuando en realidad vivíamos una represión terrible, algunos de mis seres queridos habían desaparecido y, aunque percibía el nerviosismo, no captaba la magnitud de la situación.

 En ¡Yo!, tu última novela, además de retomar la historia de Yolanda García, reflejas la extrema pobreza en que viven algunas mujeres y el papel que les ha tocado desempeñar en una sociedad machista como la dominicana. La mujer, ¿tiene posibilidad de conseguir una vida digna, justa e igualitaria?

 Por desgracia no creo que esta situación se dé únicamente en mi país, sucede en todas partes pero en la República Dominicana el problema está más arraigado, alcanza situaciones extremas. La mujer todavía está reprimida, le pagan menos que al hombre y, muchas veces, es abandonada con hijos que el marido no quiere mantener. Parte de la responsabilidad de escribir una historia es darle voz a toda esa gente que se halla en esta condición, con la esperanza de transformarla. El escritor no se limita a escribir de sus demonios personales, también escribe sobre los de la comunidad a la que pertenece. No es su principal objetivo, pero detrás de la historia se encuentra la responsabilidad del escritor. Su papel es similar al de Scherezada en la corte del sultán. A lo largo de mil y una noches Scherezada cautiva con sus historias al sultán —acostumbrado a cortar la cabeza de las mujeres después de haberlas violado— y con ello evita su muerte y la de muchas otras. Toni Morrison dijo: "La responsabilidad del que ha sido liberado es liberar al otro".

 
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